Editorial Especial Navidad

editorial-copia¿Cuando dejamos de ver las cosas con los ojos de un niño? Todos pasamos por un momento en la vida en que , sin saber por qué, dejamos de ver a nuestros padres como héroes, empezamos a fijarnos más en las chicas o los chicos, las cosas que antes nos parecían divertidas pasan a ser demasiado infantiles o el dinero pasa a ser un motivo de preocupación y alegría.

Ese cambio es sin duda gradual pero siempre parece que llega de golpe y para los que sean padres seguro que estarán de acuerdo en que ese momento en el que escuchas la tan temida frase: los reyes magos no existen marca el fin de una etapa y da paso a otra, a ese dejar atrás la niñez.

Es evidente que no podemos vivir eternamente como Peter Pan en Nunca Jamás y que madurar es necesario para desarrollarnos en sociedad pero muchas veces dejamos perder cosas por el camino que quizás no deberían ir reñidas con el echo de crecer.

Verán, hace unos días vi un video en las redes sociales en el que le preguntaban a varias parejas adultas a qué persona, viva o muerta, elegirían para ir a cenar un día si pudieran. Unos dijeron nombres de cantantes, deportistas, en definitiva celebridades. Lo bueno del video es que seguidamente les enseñaron a esas parejas imágenes de sus hijos pequeños respondiendo a esa misma pregunta. ¿Saben cual fue su respuesta? Todos dijeron que si pudieran elegir, cenarían con sus padres o familiares. Ninguno mencionó a personas que no formaban parte de su círculo familiar.

Son estas cosas que perdemos por el camino las que no deberíamos soltar nunca. La ilusión por compartir los mejores momentos de nuestra vida con las personas que más queremos.

A medida que nos hacemos mayores la Navidad muchas veces deja de vivirse con esa alegría que tienen los niños. Empezamos a echar de menos a personas que ya no están con nosotros y eso no es malo pero nos olvidamos, sin querer, de disfrutar con esos otros que sí que permanecen con nosotros y para las que somos lo más importante de sus vidas.

¿Saben una cosa? Un servidor ya hace tiempo que pasa de los treinta pero les aseguro que una buena parte del niño que un día fue sigue ahí y es maravilloso. Se lo recomiendo. Ilusiónense, hagan tonterías, ríanse de todo y no dejen de creer nunca en los reyes magos. ¡Ellos lo ven todo!

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